Sobre la artista

El vínculo primero,
la técnica después.

Artista visual, gestora cultural y docente. Cada retrato es una conversación que comienza en la escucha y se sostiene en el oficio.

Lillian Stella en su estudio, junto al caballete con retratos de mascotas en desarrollo

01 · Perfil

Trayectoria

Artista visual, gestora cultural y docente especializada en Artes Visuales del Programa del Diploma del Bachillerato Internacional (IB).

Bachiller en Artes Visuales con mención en Grabado por la Escuela Nacional Superior Autónoma de Bellas Artes del Perú (ENSABAP), donde fue distinguida con la Medalla de Oro en la Especialidad de Grabado. Cuenta además con estudios en Gestión Cultural y ha trabajado como docente en colegios IB y como examinadora del International Baccalaureate.

Su práctica artística combina técnica académica, sensibilidad emocional y una profunda observación del vínculo humano-animal.

02 · Historia

Cómo comenzó

Mi conexión con el retrato comenzó cuando decidí pintar a mis propias mascotas. Descubrí que, más allá de representar su forma, estaba capturando su carácter, su mirada y esa energía irrepetible que solo quienes aman a un animal comprenden.

Entendí que un retrato puede convertirse en memoria viva.

Manifiesto artístico

Pinto vínculos que transforman la vida.

Pinto esas miradas que permanecen en nosotros,
esas presencias silenciosas que nos enseñaron a amar mejor
y esos cuerpos pequeños que convirtieron una casa en hogar.

Los perros aman de una forma profundamente pura.
Sin medir, sin exigir, sin condiciones.
Y quizás por eso dejan huellas tan difíciles de explicar.

Pinto retratos porque sé lo que significa mirar a tu compañero
y sentir, al mismo tiempo, paz, ternura y gratitud.

No busco copiar una fotografía.
Busco capturar la esencia de un vínculo.

Esa energía que aparece cuando existe amor verdadero:
una mirada que te reconoce,
un gesto que acompaña,
una presencia que incluso en silencio permanece contigo.

Cada obra nace desde la escucha, la empatía y el respeto.
Porque detrás de cada retrato hay una historia compartida,
una compañía incondicional,
un amor que merece ser recordado.

Mi arte quiere acompañarte.
Quiere traer calma, memoria y alegría serena a un espacio.
Quiere recordarte, todos los días,
que ese amor existió,
que fue real,
y que de alguna forma, sigue aquí.

Creo firmemente que el arte puede preservar emociones y presencias. Cada obra es un homenaje íntimo a un amor que transforma.

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